UNA JUSTICIA VIVA y ACTIVA por Alfredo Posse (Chascomús-Bs As)

Romanos 12 “Una justicia viva y activa”

 

La Epístola del Apóstol Pablo a los Romanos ha sido considerada como un tratado de derecho penal. En ella Pablo describe claramente la condición del ser humano (del judío y del gentil por igual): CULPABLE ANTE DIOS. Durante los primeros 11 capítulos desarrolla los más completos argumentos: la culpabilidad del hombre, el justo juicio de Dios, la imposibilidad de auto-redención, la justificación por fe, el creyente muerto al pecado, etc. Pero a partir del capítulo 12 y hasta el final de la carta pasa a ser eminentemente práctico: como debemos vivir la nueva vida en Cristo.

En el capítulo 12 comienza a describir los deberes del cristiano en varios aspectos. Primeramente en nuestra relación con Dios. Es importante como se dirige a los lectores como “hermanos” despejando toda duda, no se dirige a un perdido sino a un “renacido” por la fe en Cristo. No espera que el hombre natural logre lo que solo un ser regenerado puede, no se trata de buen comportamiento ni buenas intenciones sino la acción del Espíritu Santo en el hijo de Dios. Más que un llamado es un ruego (lo que recuerda la forma en que se dirige a Filemón, a quien si bien puede “mandarle” prefiere “rogarle”). Este ruego es impresionante ya que no llama a otra cosa que a la consagración, a una entrega absoluta equiparada a un sacrificio vivo; el sacrificio no podía ser parcial, se entregaba una víctima para el altar en forma completa y la expresión “vivo” refiere a una decisión íntima y personal: puede dejar el lugar del altar, pero decide permanecer allí. Por tratarse de un sacrificio vivo implica una consagración permanente y constante: no una sola vez sino diaria y continua. Agrega que ese sacrificio debe ser santo y agradable a Dios: puro y de acuerdo al carácter del Señor. Esa consagración conlleva dos aspectos diferentes y a la vez complementarios o si se quiere “las dos caras de una misma moneda”; por un lado no amoldarnos al mundo y por el otro ser  transformados por la experiencia del nuevo nacimiento en Cristo  (recordemos la expresión de 2da. Corintios 5: 17 “aquel que está en Cristo nueva criatura es”). La expresión conformarse no tiene como hoy en día el sentido de aceptar sin oposición sino el sentido más preciso de tomar la forma del recipiente (el mundo en que habitamos). De ser así podremos conocer y experimentar  la voluntad de Dios descrita como buena en su carácter (trae bendición), agradable en su manifestación (produce gozo) y perfecta en su esencia y propósito (lleva a la madurez espiritual).

Lo segundo a lo que Pablo apunta es a nuestra relación con la Iglesia. Para lo cual hace un doble llamamiento:

1) a no sobreestimarnos (“no creérnosla” diríamos en nuestros días), al respecto me impacta como se contrasta con la instrucción dada a su colaborador Timoteo en su 1ra. Carta capítulo 4 y versículo 12 donde dice “Nadie tenga en poco tu juventud…” cabe destacar que Timoteo parece haber tenido un carácter tímido y apocado dado que es reiteradamente exhortado por su padre espiritual a fortalecerse y no dejarse llevar por los comentarios menos favorables. Esto implica por un lado no tener más alto concepto de nosotros mismos y por otra parte;

2) a usar la cordura (opuesto a la locura que el mismo apóstol sabe utilizar en otros pasajes) lo que significa mantener un equilibrio justo y correcto, no somos los mejores, no somos omnipotentes, pero tampoco somos inútiles para el servicio a Dios (lo que muchas veces se utiliza como una excusa de falsa humildad para esquivar responsabilidades ministeriales). Para todo esto no debemos de olvidar el principio rector de la unidad y la armonía. Para esto usa una vez más (como en 1ra. Corintios) la ilustración de los varios y diferentes miembros de un mismo y único cuerpo que es la Iglesia bajo la dirección autorizada de Cristo como cabeza de ese cuerpo.  Los diferentes y complementarios dones de ser utilizados bajo la guía del Espíritu Santo con diligencia, humildad  y responsabilidad. Distintos dones y talentos, distintas personalidades y temperamentos, distintas oportunidades de servicio pero un mismo fin: la edificación de ese cuerpo,

Pero así como tenemos una responsabilidad frente al Señor, una misión como cristianos dentro de la iglesia del Señor, también nos lleva a considerar nuestra relación con el mundo. Para esto debemos de amar de la manera que Él nos ama; sin fingimiento, sin hipocresía, sin falsedad. Nuestro amor tiene que ser genuino, capaz de discernir lo bueno de lo malo. Sin egoísmo, estando dispuesto a dar y darnos como Cristo se dio por nosotros y a considerar a los otros antes que a nosotros mismos. Sin reservas, no midiendo la entrega sino con “fervor” (expresión que habla de una vida en “ebullición” como contraste de una vida “fría”  e interesada). Para esto no debemos dejar de reconocer cual debe de ser el carácter de nuestro servicio: gozoso (se debe de disfrutar el servir a Dios y a los demás, nunca el ministerio debe de sentirse como una carga sino como un privilegio), sufrido (estar dispuesto a soportar cualquier situación que el servicio nos reclame aún teniendo que sobrellevar a personas difíciles e intolerantes), constante (no esporádico ni con altibajos emocionales) y entregado (lo que requiere renunciar a nuestra propia voluntad para seguir la suya). Es aquí cuando Pablo pasa a exponer que distingue esta clase de servicio. Debemos bendecir aún a quienes pueden ser nuestros enemigos (algo así como llevar la milla extra de Mateo 5:38-48); gozar sin envidia cuando un hermano es bendecido; sufriendo sin reservas ni poniendo condiciones previas; mostrando humildad y misericordia y no el orgullo ni la sed de venganza que naturalmente surge de un corazón no regenerado; para culminar con una expresión de dar con amor aún a quien no se lo merece. Esta vida vivida según el modelo de Cristo puede llevar aún a un resultado casi inesperado: el arrepentimiento de quien recibe amor en vez de odio, gracia en lugar de revancha, misericordia a cambio de desprecio. La mejor forma de no tener enemigos es haciéndolos nuestros amigos.

Así es como Jesús pudo llamar a sus discípulos “amigos” (Juan 15:15), aún a sabiendas de que 9 de ellos lo abandonarían, uno le seguiría desde lejos, otro negaría y el último lo traicionaría.

Resumiendo:

Tan importante como conocer la teología bíblica fundamental, la hamartiología (doctrina del pecado), la soteriología (doctrina de la salvación) etc. es conocer que espera Dios de nosotros y cuál debe ser nuestro modelo de vida. Estos capítulos finales de Romanos son un verdadero Manual de Vida y Ética Cristiana.

 

Dios los bendiga

Alfredo Posse

Continuará, Dios mediante …

About the Autor

Conocí al Señor Jesús en febrero del año 1981, me bautice en setiembre de ese año y nos casamos junto a Judith en abril de 1984. Fuimos miembros de la Congregación Judío Mesiánica junto al hermano Saúl Rosengaus (ya en la presencia del Señor) entre el ‘81 y el ‘87 en que comenzamos a congregarnos en Haedo (Libertad 1181). Alli colaboramos en diversos ministerios (tesorería, escuela dominical, adultos mayores y misiones) siendo reconocido como Anciano en setiembre del ’94. En el año 2005 salimos encomendados por las iglesias de Haedo y Tesei (Alvarez Rodriguez 530) al pastorado en esta iglesia de Chascomús. Tenemos tres hijos: Martín, Laura y Daniel, quienes colaboran en la obra en diversas. Áreas (música, escuela dominical, jóvenes y adolescentes) a la vez que continúan sus estudios terciarios y trabajos.
Actualmente mantenemos una escuela dominical con aproximadamente 30 chicos cada fin de semana, además de las reuniones de adolescentes, jóvenes mayores, femeninas y matrimonios. En el año 2012 participamos con un stand en la Feria del Libro de Chascomús bajo el lema “En la Feria del Libro: el Libro de los libros” con una hermosa respuesta de los visitantes.