LA ESENCIA DE LA ADORACION por Nicolás Fernández Paz (San Luis)

 

La Esencia de la Adoración: ¿Qué hace sonreír a Dios?

Historia de María: Lucas 10:38-42; Juan 11:1-44; Juan 12:1-8.

(3 momentos distintos en donde se pueden ver 3 avances en la relación de Jesús con María).

¡Una actitud de adoración!

En las 3 historias vemos la misma actitud de María estando siempre a los pies de Jesús:

Lucas 10:39 “Esta tenía una hermana que se llamaba María, la cual, sentándose a los pies de Jesús, oía su palabra”.

Juan 11:31 “María, cuando llegó a donde estaba Jesús, al verle, se postró a sus pies, diciéndole: Señor, si hubieses estado aquí, no habría muerto mi hermano”.

Juan 12:3 “Entonces María tomó una libra de perfume de nardo puro, de mucho precio, y ungió los pies de Jesús, y los enjugó con sus cabellos; y la casa se llenó del olor del perfume”.

¿Por qué una actitud de adoración? Una de las principales palabras que se utilizan en el NT para adoración-adorar es proskuneo, que significa reverenciar, postrarse en homenaje, dar obediencia a.

La adoración puede considerarse como el reconocimiento directo de Dios, de su naturaleza, atributos, caminos y demandas, ya sea por el derramamiento del corazón en alabanza y acción de gracias, o bien mediante actos ejecutados en el curso de tal reconocimiento. (Vine)

Es decir, la adoración básicamente es una actitud de reconocimiento hacia alguien que merece tal reconocimiento. Este reconocimiento se expresa de una manera visible en actitudes que lo demuestren: postrarse, hacer reverencia o haciendo actos que den homenaje y honra al ser que se adora.

María en cada uno de los relatos considerados se presentó postrándose a los pies de Jesús. Ya de por si esto es un acto de adoración. Pero es muy interesante ver las particularidades de cada uno de estos 3 relatos.

El primero podríamos decir que fue una visita “improvisada” de Jesús a la casa de Marta, donde María se sentó a sus pies para oír su palabra. Jesús señalo que solo una cosa es necesaria y María recibió la buena parte, la cual nunca le podrá ser quitada. Mi mente se dispara y trato de imaginarme que cosas le enseño Jesús. Estas enseñanzas sin dudas habrán tenido un impacto muy profundo en la vida de María. Nunca se olvidó de ellas y nadie puede jamás arrebatárselas. Este, podríamos decir, es el comienzo en la vida de María como discípula de Jesús, comenzando a crecer en la gracia y conocimiento de Cristo. Nicolás Fernández Paz

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Un dato muy interesante es esta expresión: “sentándose a los pies de Jesús”. Esto significaba ser discípulo de alguien, en este caso de Jesús. Esto lo podemos ver en el testimonio de Pablo:

Hechos 22:3 “Yo de cierto soy judío, nacido en Tarso de Cilicia, pero criado en esta ciudad, instruido a los pies de Gamaliel“.

La segunda ocasión, es una situación extremadamente diferente. Lázaro, su hermano, había muerto. Lázaro estaba enfermo. Seguramente estaba en un estado grave o al menos preocupante, porque sus hermanas Marta y María enviaron a decir a Jesús que “el que amaba estaba enfermo”. Teniendo en cuenta lo que ambas hermanas le dijeron a Jesús cuando lo vieron (“Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto”) seguramente le hicieron saber de la enfermedad de Lázaro para que pudiera ir a sanarle. No obstante Jesús se demoró en ir, sabiendo de antemano que Lázaro iba a morir y él le iba a resucitar.

Cuando Jesús llega a Betania, la escena es conmovedora. Que uno pueda saber ciertas cosas no indica que no vamos a sentir nada al respecto. El hecho de que confiemos en Dios ante la partida de un ser querido y que tengamos la esperanza del reencuentro celestial no quita ni va a impedir que nuestro corazón se duela y entristezca. El mismísimo Jesús es conmovido y estremecido en esta escena, llorando junto a María.

María al recibir el llamado de Jesús va corriendo hacía a él (11:28-29). Quizás con muchas preguntas o interrogantes. Ella hace el mismo comentario que su hermana Marta: “Señor, si hubieses estado aquí, no habría muerto mi hermano”. Sin embargo, en María vemos una diferencia respecto a Marta: “María, cuando llegó a donde estaba Jesús, al verle, se postró a sus pies“.

En este caso, postrar significa en su original: caer. Probablemente abrumada, o sin muchas fuerzas por el dolor cayó a los pies del Maestro. No obstante, esta misma palabra se utiliza en distintos pasajes bíblicos como una acción para adorar. El caso más similar por las circunstancias lo podemos ver en Job:

“Entonces Job se levantó, y rasgó su manto, y rasuró su cabeza, y se postró (cayó) en tierra y adoró” Job 1:20.

Dios valora una adoración verdadera. El no desestima un clamor verdadero. Dijo David: “Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios”. Como Dios dijo a Jeremías “Clama a mí y yo te responderé”. A veces nos da cierto temor clamar o preguntarle a Dios, pero él está esperando que lo hagamos. Antes que acudir en socorro a cualquier otra persona o lugar Dios espera que llevemos a él, a sus pies nuestro corazón roto. En otro pasaje encontramos una actitud similar en otra mujer (la mujer cananea): “Entonces ella vino y se postró ante él, diciendo: ¡Señor, socórreme!” Mateo 15:25. En este caso Su hija estaba atormentada por un demonio. La angustia, desesperanza, las pérdidas materiales y de familiares pueden quebrar nuestro corazón y drenar nuestras fuerzas. Nicolás Fernández Paz

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“Ten misericordia de mí, oh Jehová, porque estoy en angustia; se han consumido de tristeza mis ojos, mi alma también y mi cuerpo. Porque mi vida se va gastando de dolor, y mis años de suspirar; Se agotan mis fuerzas a causa de mi iniquidad, y mis huesos se han consumido” Salmos 31:9-10. Ante tal descripción quién de nosotros no caería postrado en tierra. Podemos tener miles de preguntas e interrogantes, dolor e inclusive enojo. La cuestión es a donde acudimos con todo lo que sentimos. En los tres casos que vimos (María, Job y la mujer cananea) acudieron al todopoderoso. Cuantas veces tratamos de hacer a un lado lo que sentimos, nuestras vivencias, pensando que esto es un estorbó a la hora de adorar. Pensamos en rendir una adoración pulcra, sin ningún condimento de realidad. La adoración se manifiesta en que a pesar de las circunstancias seguimos reconociendo la grandeza y soberanía de Dios. La adoración de Job se manifestó en que en pleno conocimiento de su situación, perdida y dolor sigue reconociendo que Dios es el proveedor y sustentador de la vida. (“Job,…, se postró en tierra y adoró, y dijo: desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allá. Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito”).

Puede que en esos momentos no estemos tan “afinados” en lo que digamos o expresemos. Pero Dios valora la sinceridad del corazón.

Sería muy fácil para nosotros en la distancia apuntar a que podrían haber tenido más fe las hermanas de Lázaro. Podríamos decir conociendo el nuevo testamento: ¿Por qué no mostraron la fe del centurión? Quien le dijo a Jesús: “Solamente di la palabra y mi criado sanará”. ¿No sabían o creían que Jesús podría sanar a la distancia?

Es sencillo decirle a María que todo está bajo el control de Dios. Pero, ¿Acaso no podes recordar circunstancias de prueba o dolor en que comenzamos con los: si hubiera? Si hubiera hecho esto, si esta persona no me hubiera hecho esto otro, si me hubieran ayudado, si me hubieran escuchado, si yo hubiera obedecido, si hubiera sabido, si Dios no hubiera permitido, si Dios hubiera actuado… La pregunta de aquellos judíos se acentúa cada vez más en la mente y pensamientos: ¿No podía Dios, quien hizo tanto por otros hacer esto por mí? ¿Acaso ellos son mejores? ¿Acaso ellos lo merecen? ¿Sera que Dios los ama más a ellos que a mí?

Sabemos muchas cosas. Muchas enseñanzas, pasajes y promesas pero es necesario el momento de prueba para aprender la lección y conocer a Dios. Más allá de cualquier hubiera, Jesús ya sabía de antemano que Lázaro iba a morir. Él ya sabía que esa enfermedad era para la gloria de Dios. Él sabía que iba a hacer algo mucho más grande que sanar una enfermedad: iba a resucitarle. Todo esto para la gloria de Dios, pero esencialmente para que pudieran conocer que él es la resurrección y la vida. Como dijimos, esto no quita que al atravesar la prueba, la aflicción y tribulación no vamos a sentir nada. Es por eso que Jesús no reta o calla a María diciéndole mujer de poca fe; simplemente es conmovido y llora junto a ella. Qué situación más emotiva que muestra la amistad y comunión que nos brinda el salvador. Si alguna vez dudaste del amor y amistad del Señor, esta historia es un tesoro al cual aferrarnos.

Es aquí en esta segunda escena, cuando María puede llegar a comprender la esencia de la adoración: “Adoramos a Dios por lo que él es”. Nicolás Fernández Paz

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Muchos pudieron ver un milagro como nunca antes nadie vio: la resurrección de un muerto. Lázaro llevaba 4 días muerto y esto era algo tremendo. Jesús tenía el poder para resucitarle y muchos se maravillaron y creyeron, pero solo algunos, creo, pudieron comprender la esencia de este maravillosos hecho: Jesús tiene el poder para resucitar porque EL ES LA RESURRECION Y LA VIDA. El milagro y poder siempre descansan y responden a lo que él es. María llego a conocer en mayor profundidad a Cristo. No solamente sus enseñanzas, su voluntad, lo que el demanda de sus seguidores, sino que ahora puede verle y conocerle por lo que él es.

Podríamos decir que llega a una conclusión similar a la de Job: “De oídas te había oído; mas ahora mis ojos te ven”. Ella escucho a los pies de Jesús sus enseñanzas, lo que él esperaba de ella quizás. Muchos de nosotros podemos tener en claro esto. Hace tiempo que leemos y conocemos de la palabra de Dios, sus mandamientos y su voluntad para nosotros. Pero muchas veces es un conocimiento que está allí, medio lejano. Algo que no se vuelve un conocimiento práctico. Y podríamos decir que conocemos mucho de Dios pero la verdad es que no conocemos a Dios.

Esta experiencia llevó a María a un nuevo grado de reconocimiento. Él es la vida. Él es la resurrección.

Nuestro enfoque, comprensión y adoración se elevan cuando realmente entendemos quien y que es Dios.

Por ejemplo. Sabemos que Dios es amor, pero cuando realmente estudiamos y llegamos a ver y comprender que Dios es amor la cosa cambia.

¿Qué significa que Dios es amor?

Significa que el amor es lo que sustenta la existencia de Dios. Que él, independientemente de lo que cualquier persona haga por él, el sigue amando. No hay nada que pueda parar este impulso de manifestar su amor porque responde a su propia persona. Cuantas veces sentimos un pesado sentir y pesar por ganar el amor y aprobación de Dios.

Cuando comprendo cabalmente que Dios es amor me doy cuenta de la verdad más grande y absoluta: “No hay absolutamente nada que yo pueda hacer para que Dios me ame más, ni hay absolutamente nada que yo deje de hacer que haga que Dios me ame menos”. De hecho la mayor manifestación de amor de Dios se mostró en que siendo pecadores Cristo murió por nosotros. (Romanos 5:8; Romanos 8:31-39).

Jesús nos dijo: “Mi yugo es fácil y ligera mi carga”. Qué triste se vuelve la vida cuando intentamos día tras día ganarnos el amor de alguien. Dios no espera esto. Él nos ama y seguirá amando a pesar de lo que somos y hagamos. Y cuando uno comprende esta verdad lo único que puede salir del corazón es una profunda y sincera adoración por lo que él es.

Ya no hay más un sentimiento de obligación, sino que es tal el conocimiento y admiración que sentimos por Dios que lo único que quiere salir de nuestro corazón es buscar la manera de mostrarle mi reconocimiento a su persona. Entonces, ahora le canto, le sirvo, Nicolás Fernández Paz

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le honro, le proclamo, guardo sus mandamientos, le obedezco; porque es lo único que mi corazón anhela: Que Dios pueda percibir y disfrutar cuanto le amo y admiro.

De esta manera podemos ver como todos estos “antecedentes” en la vida de María desembocan en lo sucedido en Juan capítulo 12 (nuestro tercer relato). Hay un dato interesante en el evangelio de Juan. En el capítulo 12 se describe cuando Jesús es ungido en Betania por María. No obstante en el capítulo anterior, el 11, se describe lo siguiente: “Estaba entonces enfermo uno llamado Lázaro, de Betania, la aldea de María y de Marta su hermana. (María, cuyo hermano Lázaro estaba enfermo, fue la que ungió al Señor con perfume, y le enjugó los pies con sus cabellos)”. ¿Cómo puede ser que el autor este haciendo referencia a algo que todavía no había relatado? JFB menciona al respecto: “Esto, aunque no relatado antes por nuestro evangelista sino hasta en el cap. 12:3, era tan bien conocido en la enseñanza de todas las iglesias, según la predicción de nuestro Señor (Mateo 26:13), que aquí se menciona con anticipación, como la manera más natural de identificarla”. ¡María era “famosa”! Jesús había mandado que debiera contarse lo que había hecho y evidentemente esto se cumplió. Su acto de homenaje y adoración fue tal que hasta el día de hoy lo recordamos.

Veamos entonces un poco lo que está sucediendo en esta historia más que particular, y veamos también algunos principios que podemos extraer y aplicar a nuestros cultos y vidas de adoración…

Como ya hemos mencionado, Jesús resucitó a Lázaro. Muy probablemente por esta razón es que organizaron una cena para homenajear y agasajar a Jesús. En la versión RV60 se menciona que en Betania, donde estaba Lázaro (el que había estado muerto), allí le hicieron una cena. Pero otras traducciones como la NTV O DHH, menciona más precisamente el sentir: prepararon una cena en honor de Jesús.

Aquí encontramos el primer principio: Jesús es el centro de nuestra adoración.

La iglesia tiene una reunión muy especial: “la cena del Señor”. También conocida como reunión del partimiento del pan o sencillamente reunión de adoración. Esta es la celebración que el mismo Señor Jesús instituyo y nos dio mandamiento que participemos y hagamos memoria de él hasta que vuelva. Esta es una reunión de un sentir especial sin dudas. Esta reunión (así como también en cualquier otra) donde se busca adorar y proclamar el nombre de Jesucristo, es una celebración donde el centro de todo es Jesús. Nos reunimos para homenajear el Señor Jesús. Todo cuanto se hace es porque él es el motivo central de todo.

Luego también encontramos distintos elementos que hacen al culto:

Lázaro estaba a la mesa con Jesús. Muchos estudiosos mencionan que aquí Lázaro es una representación de los redimidos, de los que hemos resucitado en Cristo; como dice Pablo a los Efesios “y juntamente con él (Cristo) nos resucitó”. Podríamos profundizar en esta idea pero simplemente vamos a decir por ahora que aquí podemos ver lo que es la comunión. Lázaro era uno de los varios que estaban sentados (en plural) a la mesa. Nosotros hemos resucitado en Cristo, pasamos de muerte a vida y fuimos llamados a la Nicolás Fernández Paz

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comunión con Cristo (1 Corintios 1:9) y unos con otros (Salmos 133:1). La comunión entre los creyentes, teniendo siempre en cuenta el sentir común de engrandecer el nombre de Jesús, es maravillosa.

También vemos a Marta, que como era su costumbre, estaba sirviendo. El servicio es un elemento también que forma parte del culto. A veces nos gusta comenzar a comparar a Marta y María. Quizás nos inclinamos y mostramos un favoritismo hacia María y señalamos con cierta condena a Marta. Pero no vamos a hacer eso. Creo que es claro que Marta aunque quizás en ocasiones como el mismo Señor le señalo podía estar afanada y turbada por muchas cosas, siempre ha dado un servicio genuino y de corazón agradecido a Jesús. Particularmente en este momento aún más, teniendo en cuenta que unos días atrás resucitó a su hermano Lázaro.

Pero también, y aquí nos vamos a centrar un poco en este momento, está presente la adoración. Quién entra en escena en el versículo 3 es María. Es decir, en medio de todo este acontecimiento: una cena preparada para homenajear a Jesús, donde había varios convidados compartiendo y celebrando, y donde Marta se encontraba sirviendo; en un momento determinado entra María.

Cada una de las cosas que se mencionan son detalles que no pueden ser pasados desapercibidos.

Probablemente entró en silencio. No tenemos registro de que haya hablado. Seguramente abriéndose un poco de paso entre las personas, va caminando con un lebrillo (un recipiente) en sus manos y en él un vaso o frasco que contenía perfume de nardo puro. Por lo que hemos descrito, las personas habrán estado comiendo, hablando, riendo quizás. Al acercarse María cada vez más a Jesús, las personas habrán ido quedando una a una en silencio, expectantes de lo que iba a suceder. Entonces ocurre algo extraordinariamente maravilloso. María se postra (arrodilla) frente a Jesús, coloca sus pies en el lebrillo y comienza a mojar-enjuagar sus pies con el perfume. En este caso, no “cae” como en la escena anterior por toda la carga emocional y de dolor. Aquí, deliberadamente se postra ante Jesús. Luego enjuga sus pies con sus cabellos.

En interesante ver que en el capítulo siguiente es Jesús quien toma este lugar lavando los pies de sus discípulos. Allí vemos en qué consistía esta acción. Este trabajo generalmente lo llevaba a cabo un esclavo, aunque también era frecuente que las mujeres lo hicieran (1 Timoteo 5:9-10). “En las tierras orientales, el uso de sandalias abiertas hacía necesario lavarse los pies con frecuencia. Era una cortesía habitual del hospedador hacer que un esclavo lavase los pies de sus invitados” (CWM). Jesús se quita su manto, toma un lebrillo en el cual pone agua y toma una toalla. Uno a uno va mojando los pies de sus discípulos en el agua para ir limpiando sus pies y luego con la toalla va enjugando, es decir, secando los pies mojados.

Pero María no lo hizo de la manera tradicional. En vez de usar agua uso una libra de perfume de nardo puro.

1 Libra, aproximadamente un poco más de medio litro. Nicolás Fernández Paz

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El nardo es una planta de la India oriental que da una resina con un olor muy fragante y en tan poca cantidad que la hace muy costosa. Es tal el valor económico de lo que María estaba usando (para lavar pies) que Judas hizo una cuenta muy rápida. “¿Por qué no fue este perfume vendido por trescientos denarios, y dado a los pobres?”. En el pasaje paralelo en Marcos 14 los discípulos dijeron: “¿Para qué se ha hecho este desperdicio de perfume? Porque podía haberse vendido por más de trescientos denarios”.

El denario era una moneda romana. Se estima que equivalía casi a 4gr de plata, el salario diario de un jornalero en la época de nuestro Señor. Con lo cual podemos decir que el perfume que María utilizo tenía el precio de un año de trabajo para un obrero. ¡Un año de trabajo! Eso es mucho. Si tenemos en cuenta que uno no ahorra todo el dinero que gana sino que probablemente se va guardando una fracción mensual, llevaría más de un año (quizás varios) juntar toda esa suma de dinero. Como muchos comentaristas dicen, esa debió ser la posesión más valiosa que tenía María. Hay que señalar que en aquella época, la mujer no se caracterizaba por trabajar (como en nuestro días), se dedicaba más a las tareas domésticas. Con lo cual surge la pregunta: ¿Cómo adquirió María este perfume de gran precio? No lo podemos saber con certeza. Una posibilidad es que haya sido un regalo, si fuera así, debemos decir que fue un regalo más que generoso. Otra opción es que ella haya ido juntando durante muchos, muchos años, denario por denario para comprarlo.

Lo que sí sabemos es lo que dice el texto, lo cual nos lleva a un segundo principio. “El perfume era de mucho precio” (vs 3). Esto quiere decir que era extremadamente costoso y de gran estima. Es decir, tenía un gran valor económico (como ya lo mencionamos) pero también era un bien de mucha estima para María. Realmente ella entrego algo de mucho valor personal. Algo tan valioso para una tarea, podríamos decir, tan ordinaria. Además, no uso un poco solamente, guardando una parte para que le quedase a ella, sino que lo derramó todo.

Para que alguien se desprenda de algo tan valioso tiene que haber razones más que importantes de fondo.

María en primer lugar quiso mostrar su adoración, es decir, su admiración y reconocimiento a Jesús. Cuando Cristo revela que él es la resurrección y la vida es como si un velo se hubiera quitado de sus ojos. Ella puede entrar a comprender a Jesús en una dimensión mucho más profunda. Hay una admiración por la persona de Cristo. Esto se evidencia aún más cuando vemos que luego de lavar los pies de Jesús con el perfume, lo seca con sus cabellos. Trata de ponerte en escena por un momento. Toma la posición de María. Sin dudas tuvo que arrodillarse para lavar los pies. Pero ahora en vez de usar una toalla para secarlos, usa su propio pelo. Esto nos dice muchas cosas. Si bien a los hombres puede parecerles algo menor, la verdad es que el cabello de una mujer es algo de estima. Las mujeres cuidan su cabello y es sin dudas una muestra de su belleza. En la actualidad vemos como invierten mucho dinero en cuidarlo. La biblia misma menciona que para la mujer es honroso dejarse crecer el cabello. Por otro lado, para poder secar los pies de Jesús con su propio cabello tuvo que necesariamente llevar su cabeza hasta el piso para poder hacerlo. ¡Que escena! Una mujer completamente postrada, secando los pies de Nicolás Fernández Paz

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Jesús con sus propios cabellos. Ella estaba plenamente consciente de lo que hacía. La adoración verdadera reside en un pleno conocimiento de lo que Dios es, pero nos lleva a entender también lo que uno es.

María en este acto estaba mostrando de una manera gráfica y concreta la grandeza de Dios y la exaltación que debe hacerse a su persona por lo que él es; y muestra también la humildad y reverencia ante la cual debemos presentarnos ante su presencia, entendiendo y reconociendo nuestra propia indignidad.

Pero este conocimiento sigue. Jesús menciona algo importante: “Para él día de mi sepultura ha guardado esto”. “Porque al derramar este perfume sobre mi cuerpo, lo ha hecho a fin de prepararme para la sepultura” (Mateo 26:12).

En escena debieron estar sin duda los 12 discípulos de Jesús. Los que eran sus íntimos. Jesús ya había mencionado que era necesario que padeciese, que muriera y resucitara. Este tiempo estaba realmente cerca, de hecho, faltaban solamente seis días para la pascua, es decir, el día en que iban a arrestar a Jesús. Ante esta inminente realidad los suyos no terminaban de comprender por completo todo esto, a decir verdad, iban peleando para ver qué lugar iban a ocupar en el reino. Sin embargo, probablemente ella haya entendido mejor esa realidad, esa necesidad de que el Hijo de Dios debía padecer, morir y resucitar. Quizás no sabía que faltaba tan poco tiempo pero intuyendo que probablemente no tendría otra oportunidad, ella decide derramar su perfume/ungüento sobre Jesús y él lo toma realmente como una muestra de amor, cariño y adoración. De hecho, cuando Jesús fue sepultado, las mujeres compraron especias aromáticas para ungir el cuerpo de Jesús pero no pudieron hacerlo porque ya había resucitado. ¡Que a tiempo que lo hizo María!

Realmente María había llegado a conocer de una manera mucho más íntima y personal a su Señor, a comprender y conocer su persona y sus enseñanzas. Aun comprendiendo y sometiéndose a la voluntad de Dios que en ocasiones es completamente contraria a nuestros deseos. Cuando Jesús anuncia su muerte, Pedro le tomo aparte y comenzó a reconvenirle (¡reprenderlo!), diciendo: “Señor, ten compasión de ti; en ninguna manera esto te acontezca” Mateo 16:22; María en cambio entendiendo la necesidad de que Cristo padeciese en favor de los pecadores y dándose cuenta que esto iba a llevarse a cabo, hace una acción en preparación para tal sacrificio. Realmente nos deja sin palabras.

Esto debe llevarnos inmediatamente a algunas preguntas:

¿Conozco a Dios? ¿Realmente le conozco por lo que él es? Quizás tengamos que escuchar las palabras del Señor a la mujer samaritana respecto a este mismo tema: “Vosotros adoráis lo que no sabéis” o como dijo haciéndose eco del profeta Isaías: “este pueblo de labios me honra; mas su corazón está lejos de mí”. ¿Nuestra adoración es racional? ¿Responde a una admiración y reconocimiento genuino por lo que es Dios o es simplemente de labios? ¿Le conocemos de una manera tan íntima que nos lleva a querer mostrarle nuestra profunda admiración? ¿Le conocemos de tal manera que estamos dispuesto a darle lo más valioso que tenemos? Nicolás Fernández Paz

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Pablo le escribió a los Romanos: “Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional” Romanos 12:1.

Pablo nos dice que teniendo en cuenta las misericordias de Dios, que siempre se sustentan en lo que él es, deberíamos como resultado consciente y racional presentar nuestros cuerpos, es decir, nuestras vidas como un sacrificio vivo y santo en lo cual se agrada Dios. No simplemente por una presión externa de los hermanos de la iglesia, o porque nos parece adecuado hacerlo. Sino porque en un acto voluntario decido entregarle a Dios lo que soy para vivir una vida de adoración.

Quizás el ejemplo de María no se de todos los días. Ella comprendió que tenía la oportunidad de entregarle ese sacrificio en adoración y también con motivo como dice Cristo de preparación para su sepultura. Hay momentos donde podemos entregar cosas valiosas para nosotros, como por ejemplo Abraham cuando fue a ofrecer a Isaac su hijo, a quien amaba. Pero en romanos se nos muestra que deberíamos entregar nuestras vidas para que no sean actos aislados, sino vidas de adoración. Esto lo podemos ver en el siguiente versículo:

“Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres” Colosenses 3:23.

El ejemplo para vivir una vida dedicada a adorar a Dios lo encontramos en el mismo Señor Jesús:

“Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados. Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a si mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante” Efesios 5:1-2.

Andar significa caminar, vivir. Eso implica todo lo que hacemos como dice el versículo en colosenses. Conocer a Dios nos lleva como lo expresa Rick Warren en su libro una vida con propósito, a que la meta de nuestra vida sea hacer sonreír a Dios. Jesús se agradó de lo que María hizo. Deberíamos poder encarar cada actividad en la vida pensando ¿Cuál es la manera en la que a Dios le agradaría que lo haga?

Por último, podemos señalar un detalle: María se centró en Jesús. El entorno hasta menosprecio y rebajo su acto de adoración. Teniendo en cuenta todo lo que consideramos, si vos estuvieras en el lugar de María, con tu corazón desbordando admiración y amor por Cristo, ¿cómo te sentirías si alguien se pone al lado tuyo y te dice: “Que desperdicio es esto que estás haciendo”? No lo podemos saber, pero quizás se sintió mal. Quizás hasta pudo preguntarse, ¿Habré hecho mal? ¿Realmente es un desperdicio? Sin embargo, ella continúo y fue Jesús quien dijo: Déjenla. Fue una orden severa de cumplimiento inmediato. El alrededor nos puede desanimar a que rindamos nuestras vidas a Dios, pero nuestro foco siempre debe ser él. Mediante su acción María estaba diciendo que no hay nada lo suficientemente valioso como para no darlo a Cristo (CWM). Solamente un corazón y mente que conocen a Dios pueden llegar a esa conclusión. Nicolás Fernández Paz

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Debemos volver a la vida de discipulado. A una vida a los pies de Jesús. Tiempo con su palabra, para aprenderla y guardarla. Tiempos de pruebas para fortalecer nuestra fe y conocerle. Tiempos de adoración verdadera.

Como un consejo y actividad práctica, debemos ocupar tiempo de nuestra vida en conocer y entender quién es Dios. Solo podremos conocerle estando a sus pies recibiendo su palabra. Dios nos revelo en la biblia quien es él. Te dejo algunos de los atributos que podes comenzar a estudiar para empezar a maravillarte de Dios.

Dios es:

– Omnipotente

– Omnisciente

– Omnipresente

– Eterno

– Soberano

– Amor

– Verdad

– Bueno

– Justo

– Santo

– Fuego consumidor

– Celoso

– Misericordioso

– Clemente

– Consolador

– Perdonador

– Luz

– Fiel

– Paz

– Paciente

– Humilde

– Manso

– Creador

– Sustentador

– Sanador

– Proveedor

Solo por mencionar algunos. Con solo leer la lista, ¿No crees que este ser merece tu reconocimiento (Adoración)?

“Más la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren” Juan 4:23.

 

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