DANIEL CHEVRIAU

CINCO BUSQUEDAS EN EL PADRE NUESTRO….por Daniel Chevriau

PRINCIPIO N° 1

 “Y cuando ores, no seas como los hipócritas, porque ellos aman el orar… para ser vistos por los hombres”

(Mateo 6:5)

Antes de presentarnos el Padre Nuestro como la oración “modelo”, el Señor Jesucristo nos lleva a pensar en la oración “pública” para darnos el mejor contraste entre lo que Dios espera de nosotros (genuina intimidad) y los dictados de la religiosidad (exposición delante de otros para mostrar una devoción que muchas veces no tenemos en privado).

Es increíble pero en muchas ocasiones somos movidos por cierto espíritu farisaico y sin darnos cuenta (aunque a veces lo hacemos a propósito) transformamos nuestras oraciones públicas en un medio para pretender impactar a quienes nos rodean.

El cristiano debería ser en la oración pública un modelo de sencillez y sinceridad, ya que no es necesario cambiar el tono de voz para hacerlo más solemne, utilizar términos que son extraños o sollozar para demostrar cuánto valor le damos al acto que estamos realizando. Ni siquiera es necesario que la oración pública sea larga, basta con que sea respetuosa, específica y fruto de un corazón sensible a Dios.

El “hipócrita” era un actor de comedia griega, quien por medio de una máscara y un dispositivo que ésta tenía para aumentar la voz, representaba ante diversas audiencias un personaje trágico o cómico, según fuere la ocasión. ¿Es posible que algunos cristianos utilicen tiempos de oración pública para estar simplemente representando un personaje que verdaderamente no son? Según Mateo 6:5, es muy probable que esto sea así.  Más aún, dice el Señor que “aman” hacerlo, por lo tanto no es un tema menor evaluar nuestra oración ante otros para definir si no estamos siendo culpables de hipocresía religiosa.

Algunas preguntas directas pueden ayudarnos a evaluar nuestro estilo de oración cuando nos encontramos delante de otras personas:

Cuando oro en público…

  • ¿Cambio el tono de voz? Para hacerlo más solemne, serio, más fuerte o más humilde
  • ¿Hago oraciones más largas que las que hago en privado?
  • ¿Utilizo términos distintos a los que uso en una conversación normal?
  • ¿Utilizo muchos adjetivos para referirme a Dios?
  • ¿Predico a mis oyentes?
  • ¿Sollozo o finjo emocionarme?
  • ¿Ordeno cosas a Dios? Pedirle cosas como si lo obligara a hacerlo

 

  • ¿Es la única ocasión en el día en que hago una oración?Se dice que en muchas ocasiones los místicos judíos estudiosos de la Cabalá dedicaban extensas oraciones a Dios que comenzaban con una infinidad de adjetivos calificativos para referirse a Su Persona antes de siquiera nombrarlo. Esta exposición podía parecer impresionante para quienes cumplían el rol de oyentes pero con toda seguridad no conmovían demasiado a Aquel a Quien supuestamente dirigían la oración, porque como el mismo Señor lo afirma “miraré a aquel que es pobre y humilde de espíritu, y que tiembla a mi palabra” (Isaías 66:2)Evidentemente la oración genuina no tiene nada que ver con quienes nos rodean sino que es el lazo invisible con el cual nuestra alma se une a Dios en intimidad. Pretender transformar la oración en una “cosa pública” implica no comprender cabalmente de que se trata la misma. Cuando el Señor Jesucristo dice que los “hipócritas” religiosos “ya tienen su recompensa” significa que la única “recompensa” que pueden obtener es “ser vistos por los hombres” ya que Dios no premia la hipocresía sino que, por el contrario la castiga (Mateo 23:13-23). Lamentablemente, para algunas personas el reconocimiento humano parece ser más importante y apetecible que el que puede darnos el mismo Dios…PRINCIPIO N° 2“Mas tu cuando ores, entra en tu aposento y cerrada tu puerta ora a tu Padre que está en lo secreto…”
  • La oración privada es el único medio para medir nuestro verdadero estado espiritual, por lo tanto es algo que solo conocemos nosotros y nuestro Dios. Al autoevaluarnos en esta área probablemente nos descubramos en deuda, pero esto solo debe motivarnos a buscar nuevas oportunidades para estar a solas con El Señor y mejorar nuestra Comunión con El, lo cual es la llave para una vida cristiana y un ministerio más efectivo y gozoso.
  • Dígale a Dios todo lo que está en su corazón; como uno se descarga, tanto las alegrías como las penas, ante un amigo querido. Cuéntele sus problemas, para que él pueda confortarle, sus gozos, para que los modere, sus anhelos a fin de que los purifique, sus aversiones a fin de que pueda ayudarlo a conquistarlas, sus tentaciones, para que le sea posible protegerle de ellas. Muéstrele las heridas de su corazón, con objeto de que pueda curarlas, descubra ante él su indiferencia ante el bien, sus gustos depravados por el mal, su inestabilidad… Explíquele cómo el egoísmo le hace injusto con los demás, como la vanidad le tienta a ser hipócrita y cómo el orgullo le disfraza para sí mismo y para la gente. Si de esta manera vacía todas sus debilidades, problemas… no le faltará qué decir, nunca agotará el tema (algo que se renueva continuamente) Las personas que no tienen secretos entre si jamás se encuentran necesitados de temas de conversación. No pesan sus palabras ya que no hay nada que guardar del otro. Tampoco buscan que decir. Hablan de la abundancia de su corazón y dicen libremente lo que piensan. Bienaventurados aquellos que alcanzan una comunicación tan familiar y franca con Dios
  • Francisco Fénelon, un teólogo francés del Siglo XVII escribió lo siguiente sobre la oración:
  • (Mateo 6:6)
  • “La comunión íntima de Jehová es con los que le temen y a ellos dará a conocer su pacto” (Salmos 25:14) 
  • “El principio de la sabiduría es el temor a Jehová” (Proverbios 1:7)Estos dos textos nos proporcionan un principio para aplicar al área de nuestra oración privada, y este es: No lograremos comunión íntima con Dios hasta tanto no tengamos una verdadera conciencia de Quien es El y en consecuencia le respetemos como tal.Debemos decir que lamentablemente muchos creyentes, y aún líderes cristianos transitan la vida cristiana en medio de un sopor religioso sin tomar verdaderamente conciencia de a Quien están adorando y sirviendo. Como Job, conocen a Dios “de oídas” más nunca han establecido un verdadero contacto con El. Es interesante tomarse el trabajo de estudiar el impacto que recibieron diferentes personajes en La Biblia al tener un contacto directo con la Majestad de Dios; todos ellos fueron humillados y transformados. Creo que no oraremos verdaderamente bien en lo secreto hasta no tener en cuenta que estamos ante el mismo Dios de Abraham, Moisés, Elías y tantos otros, y no reaccionemos ante El como ellos reaccionaron. Esta es una experiencia personal e íntima con Dios, la cual no es necesario publicar a los cuatro vientos, porque al ser ese nuestro estilo de oración, sin que digamos nada, las personas que nos rodean sabrán que hemos estado en comunión con El Señor.A Jorge Müller en cierta ocasión poco antes de su muerte se le preguntó si oraba mucho. La respuesta fue la siguiente: “Algunas horas todos los días, y además vivo en el espíritu de oración, oro mientras estoy caminando, mientras estoy acostado y cuando me levanto. Estoy constantemente recibiendo respuestas. Una vez que estoy persuadido de que cierta cosa es justa, continuo orando hasta recibirla. ¡Nunca dejo de orar!”El Apóstol Pablo fue muy enfático al escribir en su carta a los Filipenses las siguientes palabras:Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo y lo tengo por basura, para ganar a Cristo, y ser hallado en Él, no teniendo mi propia justicia que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe, a fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a Él en su muerte” (Filipenses 3:8-10)Nada era más importante para el Apóstol que conocer a Cristo. Humanamente podía alcanzar logros y obtener cierta trascendencia pero él entendía que debía, y aún anhelaba, dejar de lado sus capacidades y victorias humanas con el sólo fin de conocer a Cristo en profundidad. Hoy en día nos cuesta mucho abstraernos de las responsabilidades cotidianas para apartar un momento sublime de oración porque estamos más preocupados por ocupar nuestro rol en la sociedad que por descubrir las riquezas que se hallan en la Presencia de Nuestro Buen Señor y Salvador.El consejo del Señor Jesucristo era muy simple y directo: Regularmente necesitamos buscar decididamente un tiempo a solas con nuestro Padre Celestial. Es algo que debe ser hecho adrede y no el resultado de un cierto “espasmo espiritual” que depende vaya a saber de que circunstancias para que se transforme en una realidad continua.Entender Quien es El y anhelar Su Presencia nos llevarán a momentos inolvidables de mayor intimidad y profundidad en nuestra oración privada… 
JUAN ANTONIO GARCIA NIETO

CRECIMIENTO ESPIRITUAL….por Juan Antonio García Nieto

 El creyente y su “crecimiento espiritual”

 (2ª Ped. 1:3-11)

 Introducción

Esta porción nos presenta en forma trascendente al Señor Jesucristo, exaltándole por la majestad de Su Persona y la gran dádiva de Su salvación, haciéndolo en un orden lógico-espiritual al señalarnos los recursos divinos para nuestra santificación progresiva, y qué implica ese crecimiento santo; sus beneficios; y el llamamiento de Dios a tal fin, sobre la base de que “el crecimiento en entender y conocer a Dios, es porque éstas cosas Él las desea” {(Jer. 9:13-14) [vs] (2ª Ped. 1:8)}, siendo por ello necesario “crecer en la verdad” (Jn. 17:17). A su vez, el pasaje, nos remite a sublimes y excelsas verdades eternas, instruidas por el mismo Dios, las cuales nos llevan meditar acerca del “verdadero propósito de nuestra vida terrenal”, mediante preguntas como:

 

  • ¿Para qué el Señor me tiene aquí?;
  • ¿Cuál es el sentido de mi diario vivir?;
  • ¿Qué desea Dios en mí y de mí?…

Por cierto, no cabe duda que la vida que tenemos es diseñada por Dios como un medio para que seamos participantes de la naturaleza divina y que en ella vayamos progresando, pues Él nos ha regalado potencialmente todo lo necesario para lograrlo, expresándolo en esta Escritura mediante Su consejo, no solo para que seamos “guardados del mal en este mundo” (Dt. 4:39-40; 2ª Tim. 1:18a), sino también para tener la certeza de “una entrada victoriosa en la venidera” (1ª Tim. 4:8; 6:12-19).

Llevándonos todo esto a considerar tres razones cardinales, que la Escritura nos expone en este pasaje de (2ª Ped. 1:3-11) y su contexto bíblico:

 

  • La primera consideración, es que “este mundo que habitamos no solo es temporal para el creyente, sino que va a desaparecer absoluta y totalmente, pues ello es parte del Plan ‘decreto’[1] de Dios” (Sal. 2:7; 2ª Ped. 3:10), para lo cual Él nos prepara ahora en la tierra para grandes cosas que ocurrirán en el futuro. Tornándose nuestro transitar en este mundo en la ‘escuela’ de las cosas celestiales que trascenderán esta esfera, preparándonos así espiritualmente para ver a Dios, vale decir, “al Hijo, el cual es la imagen del Dios invisible” (Col. 1:15); también para vivir en comunión con Él para siempre; y asimismo que nos gocemos en nuestra relación eterna con las Personas Divinas y las celestiales. Por esta razón, Pedro nos manda en (1ª Ped. 4):

 

 

  • “Sentir en nuestros corazones y modo de pensar, como Cristo” (v. 1);
  • “Velar – sobrios y vigilantes – en oración y comunión constantes” (v. 7);

 

    • “Tener entre nosotros ferviente amor, es decir, sin venganzas ni rencores” (v. 8);
    • “Recibirnos sin murmuraciones, vale decir, sin acepción de personas” (v. 9); y
  • “Ejercitar nuestros dones, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios” (v. 10).

Por este motivo, nuestra mayordomía, es decir, la administración o el manejo de los recursos de otro – de Dios en nuestro caso –, debemos llevarla a cabo con grandeza espiritual si deseamos hacerlo como a Él conviene, pues nuestro buen caminar aquí hace a nuestro agradable andar allí.  Por tanto, esforcémonos en nuestro acontecer terrenal, de exaltar a Cristo y no a nosotros mismos, para que nuestros enseñados, como discípulos de Él, “sigan al Señor y no a nosotros” (Jn. 1:47), transmitiéndoles las bondades y virtudes de Dios mediante el correcto ejercicio de nuestros dones, “a fin d perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo” (Ef. 4:12).

 

  • El segundo punto, es que, más allá de este mundo natural, hay uno “sobrenatural y eterno”, coexistente con el nuestro, y que existe y trasciende la naturaleza aunque no lo veamos, el cual, es “el reino eterno del Señor Jesucristo” (Dn. 7:14,27; Sal. 103:19; Lc. 1:33; Ap. 11:15), debiendo el creyente, vivir para ese “mundo eterno”, que responde a la administración de Dios, y cuyo atisbo se pudo entrever en “la trasfiguración del Señor Jesús” (Mt. 17:1-8; Mr. 9:2-8; Lc. 9:28-36; 2ª Ped. 1:16-18). En este sentido, reparemos que la reflexión de Pedro: “Pues tengo por justo, en tanto que estoy en este cuerpo, el despertaros con amonestación” (2ª Ped. 1:13), tiene por objeto instarnos y alertarnos a causa de lo corto de la vida frente a la necesidad de prepararnos para la eternidad, por eso, cuando evoca la “transfiguración del Señor” como evidencia del “Nuevo Reino” que espera al creyente, el apóstol enfatiza que estuvo allí, y lo vio y escuchó, al ser el vínculo entre Su reino y este mundo, “el Hijo”; “el Amado en quien el Padre tiene contentamiento”. Por cierto Pedro no estaba hablando de ‘fábulas’ sino de ‘realidades gloriosas’, “como habiendo visto con sus propios ojos Su majestad” (2ª Ped. 1:16).

Entendemos necesario en este punto, considerar, especialmente, las palabras dichas por el mismo Señor en Su ministerio terrenal.  Observemos que es Él quien nos señala en (Mt. 16:28), que “vendrá en Su Reino”, ratificando , así, la profecía que afirmaba que vendría dos veces (Is. 9:6; 11:1; 42:1; è Is. 2:1-22; 9:7; 30:30), agregando más adelante, que la segunda vez será cuando “aparezca Su señal en el cielo y le vean viniendo sobre las nubes del cielo con poder y gran gloria” (Mt. 24:30). Asimismo, en (Mr. 9:1), califica a Su Reino como “venido con poder”, siendo el argumento de tal afirmación que todo lo que suframos ahora por causa de Jesucristo, será ampliamente recompensado cuando Él vuelva y Sus siervos aparezcamos con Él en gloria, pues “Cristo – eternamente – es poder de Dios” (1ª Cor. 1:24b), subrayándonos el Señor con sus enseñanzas tanto en Su discurso del Monte de los olivos (Mt. 24 y 25; Mr. 13:1-2;  Lc. 21:5-6) como en Su transfiguración, que Su reino celestial es tal, que hará necesarias tanto la transformación como la glorificación que cambiarán nuestras vidas para siempre, con un poder que nos salvará, condicionará y restaurará por la eternidad.  Reparemos que los “vestidos resplandecientes del Señor durante Su ‘transfiguración’, responden a Sus acciones justas y santísimas” (Mr. 9:3), los cuales, son un tipo de las “vestiduras de lino fino blanco y resplandeciente que habrán de correspondernos a los creyentes ya como la esposa de Cristo en la medida que, en este mundo, nosotros andemos como Él anduvo” (1ª Jn. 2.6; Ap. 19:8).  Sin embargo, fijémonos que es el Señor mismo quien nos indica que el cristianismo auténtico es un camino de sacrificio y compromiso que implica también la negación de uno mismo, senda en la cual debemos ejercer con diligencia nuestro discipulado en los negocios de Dios y de Su Iglesia (Mt. 28:18-20; Lc. 2:49b), debido a que este mundo, no es lo único que hay, advirtiéndonos el Señor en este aspecto en (Lc. 9:23-26): “Porque el que se avergonzare de Mí y de Mis palabras, de éste se avergonzará el Hijo del Hombre cuando venga en Su gloria, y en la del Padre, y de los santos ángeles”. En relación a esto, notemos que en (Lc. 9:24a) la frase “Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá”, implica para los siervos de Cristo, abnegación, esfuerzo, tiempo y privaciones, dejando de lado ambiciones egoístas, buscando primeramente el reino de Dios y Su justicia, entregándonos sin reservas a ÉL, pues ello habrá de redundar en un gozo carente de ansiedad carnal juntamente con una profunda satisfacción del ser, vivencia que no solo habrán de superar nuestros sentidos y expectativas, sino que obrarán para nuestro sumo bien mientras avanzamos hacia Su presencia o Su pronta venida por nosotros (Mt. 6:33; Rom. 8:28).  Por este motivo, a fin de que estemos capacitados para hacer frente a las dificultades terrenales en nuestra progresión espiritual hacia Su reino, es que Dios ahora nos provee del poder necesario para lograrlo en nuestra vida cristiana y de servicio, animándonos Pablo en este sentido cuando dice: “pues nuestro evangelio no llegó a vosotros en palabras solamente, sino también en poder del Espíritu Santo y en plena certidumbre,… para servir al Dios vivo y verdadero… Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio” (1ª Tes. 1:5a,9c; 2ª Tim. 1:7), marcándonos la Escritura la metodología a seguir y la razón de tal obrar al señalarnos: “hablemos con palabras de Dios, conforme al poder que Él da,… para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén.  Porque el reino de Dios no consiste en palabras, sino en poder” (1ª Cor. 4:20;  1ª Ped. 4:11).  Por cierto, en forma manifiesta y eterna, el centro y el poder del reino eterno, es ‘Jesucristo el Señor’, recordemos entonces el mandato del Padre: “Este es Mi Hijo Amado; a Él oíd” (Lc. 9:35). Amén.

 

  1. La tercera razón es que, “si bien Dios nos permite la participación activa en Su administración, la misma, depende de nuestra predisposición y actitud espiritual en nuestra vida terrenal”, y así lograr, fruto aceptable a Dios, conocimiento del Hijo y entrada honrosa al reino eterno del Hijo, como claramente lo afirma nuestro pasaje de (2ª Ped. 1:3-11), empero, la no observancia de este caminar santo, habrá de producirnos una participación mucho menos esplendente y rica en bendiciones y progreso eterno del que podríamos haber logrado si hubiésemos actuado del modo que Dios anhela de nuestra parte, y además, sin posibilidad alguna de retorno a lo ya hecho, cual Esaú en su errática y profana actitud, cuyo desatino es una advertencia a los creyentes para que no perdamos nuestro privilegio en nuestro sacerdocio como hijos de Dios, menospreciando nuestro compromiso para con Él, situación irrevertible aunque tardíamente la procuremos con vergüenza y lágrimas (Gén. 25:31-34; è Heb. 12:16-17; è 1ª Jn. 2:28).

Por tanto, debemos ser conscientes que en el cielo habremos de servir en perfección, con gloria y excelencia, con capacidades celestiales eternas de gozo y bendiciones sin par, sin embargo, todo ello será más viable y provechoso para el creyente que se prepare para ese excelente reino, en forma tal, que le permita volver a ser según el propósito de Dios respecto al hombre (Sal. 8); es decir, “hecho poco menor que los ángeles [lit. Interlineal: hecho un poco inferior que Dios’], Y coronado de gloria y de honra” (Sal. 8:5)[2], recuperando de este modo su plena valía y aptitud espiritual, con mayor capacidad y participación en el reino, aunque todo ello estará supeditado y en proporción directa a lo que fue en su crecimiento espiritual y en su conducta como siervo fiel de Cristo en este mundo. No lo olvidemos.

Este será el modo de preparar nuestras ‘credenciales’ para nuestro hogar eterno, nuestro país celestial, como miembros de la familia de Dios y conciudadanos de los santos y ciudadanos del cielo (Ef. 2:19; Fil. 3:20), por tanto, hagámoslo “poniendo toda diligencia” y “añadiendo” a nuestra “fe” todo aquello que Él anhela, para que Su nombre sea engrandecido y así podamos disfrutar en plenitud con Cristo en Su reino, lugar donde habremos de desarrollar todas nuestras virtudes y dones, con perfección y gloria celestial (Dn. 12:3; Mt. 13:43), debido a que “el Dios de toda gracia,… nos llamó a Su gloria eterna en Jesucristo” (1ª Ped. 5:10a). Empero, con reverente humildad, no olvidemos en el interregno en este mundo, en el cual habremos de manifestar nuestro modo de vida, la exhortación del mismo Señor a que nuestras buenas obras, motiven a que nuestro prójimo glorifiquen a nuestro Padre celestial (Mt. 5:16), y que, además, “tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros” (2ª Cor. 4:7).  Por tanto, consideremos con reverente gratitud, que “Es necesario que Él crezca, pero que yo – todo creyente – mengüe” (Jn. 3:30). Amén.

Igualmente, la argumentación del pasaje enunciado nos expresa por parte de Dios, en primer término, que todos los componentes elementales que apuntan hacia nuestro “crecimiento espiritual” son dados por Él por medio de Jesucristo, y simultáneamente, no sólo cómo “el conocimiento de Cristo el Señor” incrementa Su gracia y paz en nosotros, sino también, las razones espirituales y virtudes cristianas que deben jalonar nuestros corazones y diario vivir, de modo que conformen en nosotros un sólido perfil cristiano, si es que deseamos administrar los misterios de Dios en la forma que a Él le agrada (1ª Cor. 4:2). Además de asegurarnos que, siguiendo sus instrucciones en esta vida presente, “no caeremos jamás” (v. 10), manteniéndonos a la vez fortalecidos y seguros contra las asechanzas y peligros que asedian a la Iglesia de Cristo, teniendo asimismo la certeza en la porvenir, de “sernos otorgada amplia y generosa entrada en el reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo” (v. 11).

En avenencia con lo expresado, la porción de (2ª Ped. 1:3-11) – de la cual pormenorizaremos con mayor detalle los (vs. 5-7) nos expone:

 

  • “Lo que Dios, por gracia, nos da” (vs. 3-4);
  • “Lo que Dios, con amor, nos requiere” (vs. 5-7);
  • “El conocimiento espiritual que la conducta santa provee al creyente (vs. 8-9) y
  • “La seguridad eterna que el buen obrar confiere al creyente en este mundo, y en el reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo” (vs. 10-11).

Cualidades todas estas que se adhieren al hijo de Dios mediante “el silbo apacible y delicado” del Espíritu Santo “iluminando”[3] a quienes estudian la Escritura que Él inspiró (1ª Rey. 19:12; 1ª Cor. 2:14-16;  2ª Ped. 1:21), modelando nuestro ser en la “senda de nuestra santificación progresiva si es que nos ocupamos de nuestra salvación con temor y temblor.  Es decir, siendo santos y piadosos en nuestra manera de vivir, mientras avanzamos en el conocimiento de la verdad, dejando que Dios en nosotros produzca – por su Espíritu – así el querer como el hacer, por Su buena voluntad, ya que, es Él quien pone en nosotros el deseo o afán de hacer Su soberana voluntad” (Jn. 17:17; Fil. 2:12b-13). Reparemos que la “fe” mencionada en (2ª Ped. 1:5) es la “preciosa fe” que encontramos en (2ª Ped. 1:1), la cual nos une a Cristo, por la acción – “comunión del Espíritu” (Fil. 2:1c) – del Espíritu de Dios (1ª Cor. 6:15a,17), relación que de allí en más, no sólo nos permitirá cultivar las perfecciones santas expresadas en los (vs. 5-7), sino también, en la medida que seamos ‘diligentes’ en ese propósito, que no caigamos en ineficacia servicial ni extravío espiritual (v. 8). Por tanto, “vistamos nuestro corazón, con el incorruptible adorno de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios” (1ª Ped. 3:4), mientras “el Espíritu Santo nos va conformando a la imagen del Hijo” (Rom. 8:29). Amén.

Avancemos pues, en este “crecimiento santo”…

[1] Para un mayor conocimiento y comprensión acerca del “decreto de Dios”, sugerimos leer o solicitar el Cap. VI) Los “Decretos” De Dios del comentario: ¡Dios! ‘El Altísimo’”.

[2] Como dice Bevan: “… el salmista nos muestra al hombre en su primera posición y destino reservado para él en los propósitos originales de Dios. Mostrándolo en su posición original, como ‘Virrey de Dios’ (Gén. 1:26-28); contemplado en la gloria que debería haber tenido y que no alcanzó porque fracasó, demostrándose incapaz para tal dominio y aun de dominarse a sí mismo”.

[3] Para un mayor conocimiento y comprensión del tema “La iluminación en la comprensión de La Escritura por el Espíritu Santo”, sugerimos leer o solicitar el escrito: II) “El Espíritu Santo en la Dispensación de la Iglesia”; especialmente, la Introducción.

ALFREDO POSSE

ISAIAS 53…….por Alfredo Posse

Este pasaje, que en verdad comienza en el capítulo 52 versículo 13, es uno de los más indicados para testificar a una persona origen judía. Cuando queremos compartir el evangelio con alguien de origen israelita haremos bien en no utilizar pasajes del Nuevo Testamento ya que este no es reconocido por el pueblo judío como Palabra de Dios. Sin embargo tenemos una cantidad impresionante de referencias en el Antiguo Testamento con los que si podemos guiar a un judío a conocer a Jesús como su Mesías (es mejor no usar el término Cristo ya que provoca mucha asociación con el catolicismo y las persecuciones de la Inquisición). Entre los muchos pasajes que vienen en este momento a mi mente están Salmo 2, Salmo 22, Isaías 7:14 (profecía sobre el nacimiento virginal del Mesías), Isaías 9:6 (con los innumerables nombres del Señor), y por supuesto Isaías 53. Curiosamente este capítulo es en cierta forma tabú para muchos rabinos y maestros de las escrituras en Israel, quizás porque no pueden discernir a quién se refiere precisamente Isaías; algo similar a lo que le ocurrió al eunuco etíope en Hechos 8:27 al 35 hasta que Felipe logró a partir de este texto compartirle el evangelio y revelarle a Cristo. Pero ese sería tema para otro mensaje…

Decían al comienzo que el pasaje en cuestión comienza más precisamente en el versículo 13 del capítulo anterior donde Dios mismo lo presenta como “su siervo”. Al respecto cabe recordar que las Escrituras, tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento, fueron escritas como textos sin divisiones de capítulos y versículos. Esta división la hicieron mucho tiempo después los estudiosos de la Biblia para darle un orden más simple. Pero en algunos pasajes como el que hoy nos ocupa, creo yo, la división no es del todo apropiada. Volviendo a Isaías 52:13 empieza a describir la obra del Mesías como el Siervo de Dios lo que se continúa en el capítulo siguiente.

Podríamos estudiar este pasaje desde el punto de vista de una declaración múltiple de Dios:

  • Dios presentando a SU SIERVO (52:13)

 

  1. Para esto utiliza calificativos muy interesantes ya que este Siervo será:
  • Prosperado, o dicho con otras palabras tendría éxito en todo lo que emprendiera. Este concepto me lleva a recordar la promesa hecha por el salmista al “Varón que no anduvo en consejo de malos…” del Salmo 1. Vale recordar que en final del versículo 3 dice “Y todo lo que hace prosperará” ¿Quien mejor que Jesús para ejemplificar a ese varón, quién mejor que Jesús para recordar que se deleitaba en la Palabra de Dios y que su obra redentora se cumplió con todo éxito? Pero siguiendo con Isaías…
  • Engrandecido, sus méritos serían reconocidos por los hombres, algo muy real en las palabras de los alguaciles enviados a prender a Jesús según Juan 7: 46 “¡Jamás hombre alguno ha hablado como este!” y por último…
  • Exaltado, llevado al lugar más alto, al sitio que como Dios le corresponde y que solo por un breve tiempo dejó al venir a este mundo pecador y perdido: a la diestra del Padre como nos relata Pablo en Filipenses 2:9-11

Aquí vemos un primer contraste: al ser más maravilloso y espectacular se lo vería sin atractivo ni hermosura, y no sería deseado por los hombres (tanto judíos como gentiles). Esta expresión no tiene que ver con los sufrimientos previos a la cruz que se describen algunos versículos más adelante, sino en referencia a que en su humanidad no presentaba nada que llamara la atención en su porte. Fueron sus palabras, aún más que sus milagros, lo que impactaban a las personas, Pedro llegó a decir: “¿Señor, a quién iremos?, tú tienes palabra de vida eterna” Juan 6: 68

  • Dios preguntando a los hombres (53:1)

 

Pregunta casi retórica, “¿Quién ha creído…?” Ahí podríamos hacer la misma apreciación que con el vaso de agua a la mitad: Muchos somos los que creímos y fuimos salvados (el vaso medio lleno) pero también muchos son los que no han creído o no han escuchado o han rechazado abiertamente la obra de la Cruz (el vaso medio vacío). De todos modos sabemos que Israel, como nación rechazó al Mesías por Dios enviado, si bien la primera iglesia en Jerusalén estaba compuesta solo por judíos, pronto quedó en claro que la nación no estaba dispuesta a reconocerle como el Salvador.

  • Dios describiendo su aspecto (53:2-3)

 

  • Sin belleza ni atractivo especial, volviendo a lo dicho en cuanto a la contradicción de los dos últimos versículos del capítulo anterior, no dice que el aspecto el Señor fuera desagradable, que era feo (curiosamente los evangelios no dan ninguna pista sobre su aspecto físico dejando a nuestra imaginación si era alto o bajo, rubio o moreno, etc.) sino que no había nada espectacular en su presencia sino en sus palabras.
  • Sin valor ni aprecio, no daba con el perfil esperado para el Mesías. Entre otras cuestiones no era rico comerciante o empresario judío sino un humilde carpintero de una aldea despreciable como Nazaret (en Juan 1: 46 tenemos el prejuicio de Natanael sobre si algo bueno podía salir de esta ciudad). Tampoco tenía a su cargo un ejército ni milicias organizadas sino un grupo reducido de doce hombres rústicos: pecadores y pescadores (no vamos a discriminar las ocupaciones de los apóstoles pero reconozcamos que ni había ningún mérito especial estas profesiones).
  • Sin reconocimiento de parte de la nación, era visto como “azotado de Dios” cuando en realidad lo era “por nuestros pecados”.
  • Dios describiendo a la humanidad (53:5-6) 

 

    1. También hay aquí otro contraste: nosotros éramos los rebeldes y pecadores. Él quien fue herido en nuestro lugar; nosotros los enfermos (forma metafórica de referirse al pecado como una enfermedad que transmisión genética) y Él quien nos sanó; nosotros los perdidos como ovejas descarriados y Él como el Buen Pastor que vino a buscar y a salvar a los que estábamos perdidos. Esto no ha cambiado hasta nuestros días: los hombres siguen deambulando por el mundo sin sentido, sin rumbo, sin esperanza y solo en Cristo podemos hallar el sentido de la vida, la dirección y la esperanza eterna. No ha cambiado mucho el mundo en estos últimos dos mil años ¿no es verdad?
  • Dios describiendo los tormentos del Mesías (53:7-8)

 

  • Angustia y aflicción, en varios pasajes de los evangelios vemos al Señor conmovido por el dolor de las personas (las multitudes como ovejas sin pastor, la viuda de Naín, las hermanas de Lázaro, etc). Pero nunca afligido por sí mismo, ni aun sabiendo el final que le esperaba en Jerusalén, con excepción de su oración en el huerto de Getsemaní donde dicen las escrituras que “comenzó a entristecerse y a angustiarse” según Mateo 26:37 y Marcos 14:33, y en “agonía” según Lucas 22:44. Y en esta situación el sufrimiento no era por la muerte próxima sino por el hecho de que se habría de separar de su comunión con el Padre cuando cargara los pecados de la humanidad. Así se comprende el clamor en la cruz: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?”
  • Silencio, muchas pueden ser las razones de guardar silencio: algunas veces por temor, otras por conveniencia, otras por necesidad. Pero el silencio de Cristo al enfrentar a sus acusadores y ante la inminencia de la cruz fue por amor: cuando leemos en Sofonías 3:17 “Jehová está en medio de ti, poderoso, él salvará; se gozará sobre ti con alegría, callará de amor, se regocijará sobre ti con cánticos” no podemos dejar de identificar este pasaje con Jesús. Él siendo Dios mismo estaba en medio de los hombres, estaba salvando a la humanidad de sus pecados, se gozaba en cumplir la voluntad el Padre aunque esto le significara sufrimiento físico y callaba por amor ya que si se defendía y lograba evadir la cruz no habría habido para nosotros esperanza.
  • Dios describiendo su muerte y su resurrección (53:9-11)

 

  1. Nuevamente nos encontramos con otra contradicción:
  • Moriría como un impío, pero sería sepultado con todos los honores de un noble (recordemos la tumba sin usar de José de Arimatea, los preparativos del mismo José y de Nicodemo que incluían lienzos, el sudario, especias aromáticas etc. tal la costumbre de los judíos).
  • Moriría literalmente (lo que fue atestiguado por numerosas personas, incluido el centurión romano), sin embargo viviría eternamente.
  • Sufriría hasta lo inimaginable por el hombre, pero disfrutaría de ver el resultado (el fruto) de su obra y estaría satisfecho. ¿Cuál es ese fruto? Ni más ni menos que nosotros los que un día fuimos alcanzados por su mensaje de amor y gracia, los que habiendo puesto nuestra fe y confianza en su obra redentora pasamos de muerte a vida y de la condenación eterna a la salvación eterna.
  • Dios describiendo su final (53:12)

 

  • El Padre le daría parte (un lugar especial) con los grandes, esto se demuestra en las palabras del apóstol Pablo en Colosenses 3:1 “donde está sentado Cristo, a la diestra del Padre.” El lugar que por naturaleza le corresponde, que por amor dejó para venir a esta tierra “llena de maldad” como cantamos en el himno, y al que volvió como demostración de haber cumplido cabalmente la misión encomendada o sea la redención de los hombres.

CONCLUSIÓN: no podemos ver los sufrimientos del Señor sin caer quebrantados a sus pies. No podemos ver su muestra de amor insuperable sin arrepentirnos por lo que nuestro pecado le llevó a vivir. Y no podemos dejar de decir como Pedro en Hechos 4:12 “Y en ningún otro hay salvación, porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres en que podamos ser salvos.”

El Señor bendiga su Palabra, amén

 

Alfredo Posse

ROBERTO DEHNER

ENSEÑANOS A ORAR………….por Roberto Dehner

Lucas 11:1al 4

  • Los discípulos vieron orar al Seños, es probable.

Enséñanos a orar como Juan (Lucas 5:33)

Un pueblo habituad a orar ¿Qué había Pasado para que ellos dijeran enséñanos a orar? Orar 296 veces

  • ¿Qué es orar? Hablar con Dios.

Pero ¿Hablamos o hacemos monólogos? ¿Cuál es la principal manera por la cual Dios nos responde? Su Palabra….(HISTORIA DEL CHEQUE EN LA BIBLIA)

  • Juan 18:38 Pilato preguntó al Señor ¿Qué es la verdad? Y salió de allí…

No espero una respuesta…¿Cómo son nuestras oraciones? Nos detenemos a esperar la respuesta.

El Señor Jesucristo les dio pautas a tener en cuenta, que son igual de válidas para nosotros:

1)     Padre nuestro que estas en los cielos

La oración es dirigida al Padre: Juan 4:23 (Adoraron al Padre)

Juan 14:13 “y todo lo que pidieres al Padre en mi nombre…

2)     Santificado sea tu Nombre: Dios desea que en la oración nuestra concentración y atención estén en Él. ¿Cómo podré escuchar lo que me dicen si mi atención está en otras cosas?

1Pedro 1:13 al 14 “…Sed santos porque yo soy Santo”.

3)     Venga tu reino: la palabra griega es Basileia: la esfera de su gobierno, pero para un judío estaba más lejos, su vista está en el reino milenial de Cristo el Mesías.

Poniendo la mira y el anhelo en la venida de Cristo a reinar toda la preparación se transforma en especial

* El atleta se prepara para la carrera.

*El luchador se prepara para la guerra.

*El novio se prepara para ver a su novia.

Y en todos los casos hay una preparación externa e interna para algo, entonces ¿Cómo nos preparamos para decir “Venga tu reino”?

1)     Una preparación interna. VIVIR VAJO LA ESFERA DE SU GOBIERNO MATEO 6:33

2)     Una preparación externa 1º Corintios 10:31.. lo que hagamos sea para la gloria del Señor Colosenses 3:23 Todo lo que hacemos sea buscando de agradar al Señor

4)  Hágase tu Voluntad

Romanos 12:2 cuando vivo bajo la esfera del Gobierno de Dios, compruebo que su voluntad es Buena, Agradable, Perfecta. Y puedo animarme a decir hágase tu voluntad estar en la voluntad de Dios va a implicar una continua consulta en las decisiones de cada día

5)     Como en el cielo así  también en la tierra

Al venir el reino Milenial en que Cristo Reinara, su voluntad será igual que en el cielo, el Señor desea lo mejor para sus hijos y desea que la oración sea el medio para que caminemos en su perfecta dependencia Salmo 25:14

6)     El pan nuestro de  cada día dánoslo hoy  PETICIONES: Dios desea que pidamos desde lo más sencillo hasta lo más complejo… y estando en comunión con El Señor es difícil pedir mal 1º Juan 5:14… la confianza

7)     Perdona nuestros pecados porque también nosotros perdonamos a todos los que nos deben. Una parte muy difícil es perdonar Marcos 11:25 y cuando estén orando perdonad

8)     No nos metas en tentación  Santiago 1:12-13 todos los intentos del corazón son de continuo el mal Génesis 6:2

9)     Mas líbranos del mal Líbranos del maligno

Conclusión: Considerando todo esto, ¿no tendría que generar cambios la oración en nuestras vidas?